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El doble problema de los trabajadores de la salud

Todos los años, a finales de febrero, ocurre un cambio de ciclo en el ámbito del personal de salud, específicamente entre los médicos y médicas que en estas fechas inician o terminan su formación como especialistas, y en estos días de cambios es necesario reflexionar al respecto como sociedad.

Podríamos decir que la salud en México tiene un doble problema con sus recursos humanos, el primero es que la atención a la salud ha intentado basarse en las especialidades médicas y, en segundo lugar, la formación de este personal está plagada de problemas que no han sido atendidos.

Como se dijo, las complicaciones vienen de raíz ya que, aunque en el discurso nacional e internacional se acepta que la mejor forma de obtener salud es mediante la Promoción y Prevención, el sistema que se ha creado durante décadas está alejado todavía de esta visión. Empezando por la falta de orientación vocacional a las y los jóvenes, pues no se difunden de acuerdo con las necesidades del país toda la variedad de carreras de la salud y tampoco se les explican adecuadamente las implicaciones de ejercer cada una de ellas.

Aunado a lo anterior, es evidente que hasta ahora se ha padecido de “centralismos”, pues las personas se ven obligadas a emigrar hacia algunas ciudades con grandes universidades, ya sea por falta de espacio o de prestigio en las universidades de sus estados; y conforme más va avanzando el grado de especialización esta migración se restringe más hacia la capital del país, alejando los recursos humanos de donde más se necesitan.

Durante los estudios de licenciatura, los futuros profesionales de la salud en vez de ser preparados a conciencia para prevenir y atender los problemas de salud más comunes que aquejan a la población, reciben clases que tienen un enfoque predominantemente de especialización, desdeñándose el trabajo del primer nivel de atención. Además, se aísla a los alumnos del contacto con otras disciplinas del área de la salud, de otras carreras en general y de la sociedad misma. Esta falta de trabajo interdisciplinario provoca que no existan verdaderos equipos de trabajo para la atención de las personas que solicitan servicios de salud.

Las “prácticas profesionales” de estos recursos humanos en formación son otro gran problema, el Internado (año de prácticas en hospitales para la licenciatura en medicina) y el Servicio Social (en el caso de varias carreras de la salud) se han convertido en una fuente de mano de obra mal pagada con el pretexto de ser personal en formación, el cual no suele tener una buena tutoría durante este proceso y se le deja a cargo de la salud de la población más necesitada, con esquemas de atención que, por la perversión en que cayeron los programas sociales, son más burocráticos que sanitarios.

Hablando específicamente de la carrera de medicina, la mencionada preferencia por la especialización lleva a realizar una cuestionable selección de quienes serán formados para este propósito, selección que afecta tanto a los que quedan fuera del proceso como a los que ingresan, a los rechazados por las implicaciones emocionales y económicas, y a los aceptados también de manera emocional al verse bajo enormes presiones para cumplir las expectativas. Los problemas de salud mental entre los médicos y médicas son un problema creciente, pero al igual que en el resto de la población siguen siendo un tabú.

Finalmente, en los últimos años se ha dado una preocupante confrontación entre todos los involucrados en los servicios de salud, los trabajadores de la salud están divididos, los derechohabientes no son adecuadamente informados y ven a los prestadores de servicios como los únicos responsables de la mala calidad de los mismos, y los medios de comunicación a menudo tratan el problema de manera amarillista o superficial. Esta animadversión creciente sólo empeorará las cosas, por lo que nos conviene a todos unirnos en pos de mejores condiciones laborales para todo el personal de salud y mejores servicios para toda la población.

Con afecto a todos los colegas que han dado lo mejor de sí para mantener a flote el sistema de salud.

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