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La política práctica de AMLO en tiempos de cuarta transformación

Foto: internet

ICGDE/BUAP

Presidente del Instituto Latinoamericano de Historia del Derecho (ILAHD)

 

Nueva reconfiguración de grupos económicos y nuevas élites políticas y culturales en el poder en México

 

Puebla es un interesante escenario de la política práctica del presidente López Obrador en la escena nacional. En escritos anteriores y reflexiones políticas que hice en la coyuntura del gobierno interino, mencionaba que la geopolítica del sureste forma parte estratégica del nuevo desarrollismo nacionalista de AMLO con miras a integrar a Centroamérica con la frontera de “la bestia”, el tráfico de drogas, huachicol, comunidades indígenas levantadas, algunas encapuchadas y otras no tanto. Trenes, asfalto, luz eléctrica, gasoductos, café con Nestlé y termoeléctricas delinean un corredor que curiosamente va a comenzar a operar desde Tehuacán hasta Guatemala, por lo pronto.

Ya está quedando claro cuál era el proyecto estratégico para Puebla del actual gobierno, que por ningún motivo Moreno Valle podía encabezar a menos que pactara la entrega de algunos socios vinculados con malas prácticas. Con el infortunio se despejó el camino para limpiar Puebla, pero ¿por qué comenzar en Tehuacán?  El centro de gravedad poblano se desplazó a la tierra de la granada y del maíz viejo, tierra de cruce de toda clase de malos negocios, donde urge poner orden con mano firme para detonar esta conexión urgente que mejoraría las expectativas del viejo plan Puebla-Panamá y también el del plan Mérida-Colombia. Morena y los aliados van a gobernar Puebla desde…Tehuacán.

¡Es la hora del sur! Pero para estos proyectos muy pragmáticos y urgentes se requiere una nueva reconfiguración de los grupos económicos en el poder. La desestructuración de los negocios de Texcoco y de las tranzas de Pemex y de CFE, entre otros grandes boquetes de corrupción nacional, requieren nuevos aliados del presidente bajo control de Miguel Torruco y de Alfonso Romo. Este nuevo grupo de poder económico no es nuevo, pero había estado relegado del círculo de influencia del poder político federal bajo las administraciones anteriores.

Esta nueva reconfiguración implica nuevos aliados políticos regionales cuya influencia rara vez coincide con las estructuras partidistas de Morena y sus aliados en el ámbito estatal. La prisa de AMLO ha rebasado al partido que tiene poca brújula regional por la falta de cuadros propios de alto nivel, tanto político, como cultural y económico. Estos desfases explican las graves contradicciones y los sombrerazos de los líderes políticos locales de la coalición, que en realidad responden a los reacomodos de los nuevos grupos económicos y a los nuevos grupos políticos y culturales federales.

Menuda suerte para los aliados que la descomposición del PAN, PRI, PRD y los satélites son de tal magnitud que a pesar de las traiciones y dobles juegos y sainetes, la marca Morena sigue adelante en las expectativas del voto en el Estado de Puebla. Pero no creo que haya para campanas al aire, pues el descuido del voto, la abstención, y los acarreos y traiciones de todo tipo pueden aflorar y, ante un candidato mínimamente carismático en la ciudad de Puebla, las cosas podrían complicarse.

AMLO va a gobernar con quienes triunfen en cada estado, sin importar el partido político, pues su proyecto va más allá de las intrigas palaciegas locales. Ha dejado a los actores nacionales más visibles de Morena jugar a sus cartas, y a tal grado las juegan (Monreal y Polenvsky) que habiendo siete registrados de Morena y aliados para competir en las encuestas de selección, la comisión de elecciones descartó a cuatro, a pesar de que algunos son realmente militantes de viejos tiempos ligados al partido, en lugar de algunos de los seleccionados, que no pertenecen a esta militancia.

El acuerdo cupular sigue imponiéndose de forma pragmática a la estructura de los partidos de la coalición que no terminan de nacer bien. Los mariachis callaron y el péndulo en Tehuacán parece despejar el camino más sólido para cambiar Puebla. Esperemos que los cuadros culturales, técnicos y políticos con los que cuenta el Estado sean llamados a arremangarse cuando el 2 de junio marque el camino de la llamada reconciliación de los poblanos.

 

 

 

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