| |

Crónica de campaña: MORENA, la nueva clase política; el PRI, lejano a la gente

Imagen: La Cuarta

En política la forma es fondo por sí mismo: la manera en la que un actor del ambiente público realiza declaraciones, participa en eventos o se toma una foto tiene el mensaje y no es un medio de transmisión solamente. Ejemplo de ello son los arranques de campaña, ya que darán una muestra del músculo que mostrará el partido en apoyo a su candidato, desde la movilización de militancia y la fastuosidad del evento con el que empieza la promoción del aspirante al cargo hasta la cantidad de apoyo de personajes trascendentes que convergen al respaldar la intención del ungido bajo las siglas y colores de algún instituto político.

Para esta crónica, narraré un poco de dos inicios de campaña para el proceso electoral extraordinario en Puebla, dónde los papeles parecen haberse invertido: la entrega a las masas de la política que tuvo el PRI desde sus años dorados hasta el presente no tan lejano ha muerto, para pasar la estafeta a Morena, que se vislumbra como el próximo partido de masas.

 

En el oscurito, el arranque de campaña del PRI

La estridencia del “sí se puede”, mantra máximo del mexicano en las causas medio ganadas o medio perdidas, nos da un parámetro de la posibilidad de trascendencia al “sí se pudo”. Y es que esta frase era una aseveración cien por ciento real cuando el ex partidazo, el PRI, la entonaba en algún mitin, ya que era una forma de vaticinar el final del proceso electoral: irremediablemente el PRI ganaría, una maquinaria hecha exclusivamente para ganar elecciones lo respaldaba.

El sábado 30 de marzo, cerca de las 11:30 de la noche, se dieron cita en el Comité Municipal de Puebla, cerca del zócalo de la ciudad y a un lado de las instalaciones del Congreso del Estado entre la 16 de septiembre y 3 sur, sobre 5 poniente. El lugar, al estilo muy poco austero que distingue a nuestra clase política y especialmente al priismo, estaba lleno de camionetas ostentosas que dejaban encajonados a los otros usuarios de la vía pública, con la particularidad que, ante tal contingencia, muchas de ellas iban con chofer abordo.

Al entrar al comité, se notaba cierto aire con tensión: muchos liderazgos y personajes trascendentes del PRI habían desertado de apoyar a Alberto Jiménez Merino, pues a pesar de que todo el priismo cercano al Marinismo se ha volcado en apoyos al ex rector de la Universidad de Chapingo, se considera como una baja sensible la de el ex edil capitalino Enrique Doger, que hasta hace una semana tenía el control del Comité Estatal del tricolor bajo la dirigencia de su incondicional Javier Casique Zárate, diputado local.

Lejos quedaron los años en los que el templete de orador frente a los militantes priistas había distinguidos dirigentes, empresarios y líderes partidarios, hoy queda sólo el recuerdo.  La época de los poderosos senadores, diputados federales y presidentes municipales de municipios importantes ha pasado: la modestia de algunos líderes de sectores y algunos otros presidentes municipales de demarcaciones sin mayor importancia y densidad territorial siguen siendo el aliciente para el Partido que lo perdió casi todo el pasado 1 de julio.

Ahí, los vestigios de la ya nada temible maquinaria electoral, escucharon a dos o tres oradores, entre ellos los nuevos dirigentes del CDE y Comité Municipal priista, para en punto de las 12 del día darle voz a Alberto Jiménez Merino, que en su discurso achacó todos los males al gobierno del hoy extinto senador y exgobernador Rafael Moreno Valle, desde la inseguridad hasta el endeudamiento del Estado.

La promesa del maestro de ceremonias era de dudosa realización, “Merino Gobernador” coreado por todos, algunos con más compromiso que ímpetu, estaba hueco, no había emoción en los rostros de los asistentes: había desconcierto y desaliento.

Cuando llegó la hora del “Sí se puede”, estaba hueco, se sabía lo testimonial del caso, pues los años en los que le partidazo ganaba elecciones con gracia y favor del Estado, quedaron atrás: ahora están a la deriva, sin líderes y a la expectativa de una posible decorosa campaña que culmine con un nada despreciable segundo lugar. No hubo líderes nacionales, sólo un pequeño club que apoya a Jiménez Merino, pues ni al día siguiente en Azumiatla, junta auxiliar del sur de la ciudad, llegó la presidente nacional del partido Claudia Ruíz. Sólo estaba Marín, pidiendo olvido por el caso de Lidia Cacho, dejando en duda qué tanto será de ayuda la figura del exgobernador para fines electorales.

 

Morena, la nueva clase política

Llenaron camiones y camiones con simpatizantes y militantes. Ya el domingo 31 de marzo inició la campaña. El éxodo que comienza con subir el cerro de Loreto desde la fuente a Zaragoza en la Calzada con el mismo nombre estaba cundido con gente de distintos lugares, muchos de ellos guiados por un líder. El arte de estos eventos, lo curioso del caso, es que independientemente del partido político que sea, nadie sabe quién paga los camiones o cómo es que llega tanta gente, todos niegan el acarreo, pero el arte que nació con el PRI y Moreno Valle lo perfeccionó cuando llenó el Estadio Cuauhtémoc para su cierre de campaña en 2010, ahora pasó la estafeta de la movilización masiva a MORENA, que la supo defender decorosamente.

A la llegada, los grupos estaban bien delimitados, la convivencia de alguna parte de la disidencia magisterial con los militantes de Morena traídos por los presidentes municipales que salieron victoriosos se veía muy distintos a aquellos que llegaban en camionetas y lejos de la masividad: dirigentes partidistas, legisladores tanto federales como locales, ediles de coalición y alguno que otro desubicado, como el caso del presidente de Teziutlán, Carlos Peredo, que llegó al cargo con el partido Compromiso Por Puebla, se encontraba en el mismo templete que sus homólogos Karina Pérez Popoca y Claudia Rivera, que en recientes fechas había logrado la concordia con Luis Miguel Barbosa, después de haber dado señales de apoyo al senador Alejandro Armenta.

Era un templete enorme, tanto que dio para que la diputada federal Nayeli Salvatori hiciera un show para entretener a los asistentes: hubo bailables regionales por parte de alumnos de escuelas secundarias y preparatorias de la mixteca poblana, una batucada y una botarga de ganso con la frase popular del presidente.

De apoco se fue llenando la tarima, el podio principal, autoridades multiniveles acompañaron a Luis Miguel Barbosa Huerta en el lugar. Las presentaciones iban intercaladas de los invitados con algunos discursos, cuya constante era el casi fetiche del robo de la elección, cosa que se puede suponer hermana y causa empatía entre el jefe del ejecutivo federal y el aspirante. Entre todos los asistentes había una narrativa de resarcir del daño interno del partido, de lograr la pacificación del estado y que, en pocas palabras, si Barbosa gana la elección próxima se podrá hablar de que la llamada 4T llegaría a Puebla con un emisario más.

A pesar de que Morena se presenta hoy como una argamasa de intereses y sectores tan dispares como nuestra sociedad misma (de allí el éxito de la marca Morena: logra conjuntar en una sola insignia nuestras contradicciones, filias y fobias como mexicanos), el espíritu místico de la izquierda no se pierde: Gerardo Fernández Noroña, un militante histórico de la extrema izquierda y diputado federal por el PT, logra mantener un discurso de oposición en tiempos en los que ya es gobierno. La oposición no es contra el presente, es contra el pasado: lo reiterativo del discurso contra los Moreno Valle y el viejo régimen enciende.

Si el evento hubiera sido una corrida de toros, las orejas y rabos se los hubieran llevado los discursos del Karina Pérez Popoca, entrando en la misma narrativa de lucha que Fernández Noroña, acompañada de una danza de concordia con la madre tierra que sirvió también como ritual de purificación, proveniente de San Juan Coyomeapan. Mario Delgado, coordinador del Grupo Parlamentario de Morena en la Cámara de Diputados, también conecta con el público, otro que se lleva rabo y orejas. Noroña estaba en la misma dinámica de aplausos.

Quién no se hubiera llevado nada, sería el matrimonio José Juan Espinosa y Nancy de la Sierra, el diputado local no fue mencionado siquiera en la presentación de los asistentes y la senadora, aún con su experiencia en medios, no logró conectar con su intervención. Caso similar al de Gabriel Biestro, aunque el goza de mayor simpatía con la base de MORENA. Ni hablar de los dirigentes del Partido Verde, pues mientras Juan Pablo Kuri hablaba, militantes del PT gritaban PT MORENA.

Al final del evento, después del discurso de Luis Miguel Barbosa al lado de su mujer, donde reafirmó que tenía la autoridad moral para gobernar Puebla y buscaba una reforma a los tres poderes del estado, además de recalcar la importancia de las mujeres en la vida pública, todos se pararon para posar en la foto donde se toman las manos en señal de victoria.

Aplicando la famosa frase de Fidel Velázquez, connotado político y sindicalista mexicano, “el que se mueve no sale en la foto”, como si el viejo régimen dejara pellejos de este mismo en la manera en la que nos organizamos en lo público, todos los políticos de la coalición Juntos Haremos Historia, hasta el gobernador de Tabasco, querían salir en la foto: se querían cuadrar ante el que, por el músculo que mostró, podría ser el nuevo gobernador con gran facilidad.

Lejos quedaron los tiempos de la izquierda testimonial, hoy son los tiempos en los que la izquierda gana.

Deja un comentario