| |

El debate, según la pirámide de Graham

Ya lo decía Rubén Álvarez, coordinador nacional de comunicación social del INE, en el programa previo al debate: este es un Estado que está muy poco acostumbrado a debatir y si acostumbrado  a oír los discursos, especialmente los políticos.

Lo anterior se reflejó en los tres candidatos en el debate. La política es ya de por sí una actividad poco valorada socialmente, es por ello que las conversaciones de estos temas suelan ser muy difíciles de mantenerlas en el plano de las  ideas, ósea en un nivel intelectual, donde sean enriquecedoras tanto para los participantes como para los testigos, pero hay que aceptar que si los candidatos quieren dejar huella positiva en la historia deberían tomar esto en cuenta, aunque sea en el debate, luego se verán las caras en las acciones que tomen en la campaña.

Las democracias bostezan de políticos tratando de mermarse el uno al otro. Como lo vimos especialmente con Cárdenas y Barbosa, eso si hay que recordar lo dicho en líneas arriba, la política es poco valorada, por lo que hay que comprender que estos “gajes del oficio” son inevitables.

Hago aquí un paréntesis, para referenciar el nivel de calidad del debate se usará la pirámide de Paul Graham, que mide el nivel de conversación. Según dicha pirámide hay que agradecerles esta vez a los candidatos que la mayor parte del debate lo mantuvieron en niveles aceptables, no excelentes eso sí, pero sí tolerables para una discusión que ayude a razonar el voto y tomar a la política como algo serio y no sólo maniobras de ataque dudosas.

 

Si bien era de esperar que los dos primeros niveles de la gráfica se vieran abandonados los dos grados todavía “aceptables”  ósea el 3 y el cuatro; el contraargumento y la contradicción se mantuvieron por parte considerable del ejercicio.

Veamos, sin duda hay que agradecerle (todavía más) a las moderadoras por su buen trabajo no sólo por su papel en el debate sino por estar constantemente enriqueciendo al mismo con diversas preguntas que fungían como una especie de dialogó platónico que ponían a los candidatos a hacer lo que queremos ver que hagan: pensar y resolver nuestras dudas e inquietudes.

Ejemplo de ello fue cuando cuestionaron a Cárdenas  respecto a los problemas de los indígenas a lo que le candidato respondía la importancia de hacer valer sus derechos, dándole una posible vuelta al asunto, increíblemente la moderadora lo hizo volver al tema sacándole una respuesta concreta, sobre todo en lo referente a las encuestas a mano alzada: ¡No! ¡Ni lo mande la virgen!, señaló Cárdenas, diciendo que las consultas se debían hacer conforme a la ley y de manera segura, y referente a la seguridad: no se puede tener una policía incorruptible si el gobierno no es incorruptible, señaló el candidato del PAN. Dando un argumento esperado dentro de los niveles de la pirámide.

Otro  ejemplo de los candidatos fue en el bloque referente al empleo: una de las propuestas más llamativas de Barbosa fue el desarrollo regional que también se enlaza con otra propuesta un poco desfasada del lenguaje político era la creación del estado de felicidad, buscando el abasto de todos los servicios. A lo que Jiménez cuestionó ¿cómo le iba a hacer? Eso sí con su toque picante y provocador, al igual con Cárdenas, pero el candidato de MORENA prefirió bajar otros dos escalones más y como en todos los segmentos sacando a relucir su frase más repetida: ¡llegan al debate derrotados! se citarían más ejemplos pero por cuestión de tiempo y espacio se conviene que así fue más o menos todo el debate, un sube y baja de la calidad de conversación de los candidatos.

Sin duda el que menos necesidad tuvo de atacar fue Alberto Jiménez Merino. Pero seamos francos, como lo dijo Cárdenas, aquí la verdadera contienda es entre él y Barbosa. Aunque Jiménez fue el único que por breves momentos se vio en el pináculo de la pirámide al demostrar su experiencia y estudios de ingeniero agrónomo y una habilidad de oratoria un poco superior a la de los dos candidatos, así como una seguridad y fluidez inicial en sus respuestas, aunque al final se le estaba agotando. Fue muy certero que en lo referente al tema del agua, las propuestas del blanquiazul y del morenista fueran parecidas, inversión dignificación, etc., pero Jiménez, experto en la materia tocó y siguió tocando el tema de la ecología a lo largo del debate: hay que rescatar los bosques, apuntó, así como medidas diversas referentes al subsuelo, algo que casi nadie toma en cuenta y es que si hablamos de abastecimiento de agua, este no es posible si no hay árboles y un suelo fértil que los sostenga. Pero como suele suceder en la política, el que menos necesidad tiene de atacar tiene menos probabilidades de ganar. Esta al igual que sus propuestas de cadena perpetua a los feminicidas (que se ve difícil) o la de una universidad intercultural son interesantes, que fue una propuesta que más adelante retomó Barbosa y se encargó de remárcarlo Jiménez. De todos los candidatos él fue el que menos uso su tiempo extra para aclarar cosas o refutar ideas.

Pero en el aspecto netamente visual y estético (por no decir comunicativo y lingüístico) se nota el fuerte de cada candidato, de Merino ya señalamos la seguridad y fluidez, de Barbosa es su ímpetu y contundencia de maniobras naturales de un político profesional. De Cárdenas, unas buenas ideas e intenciones. Sin embargo sus puntos flacos son: de Cárdenas, haber caído en las provocaciones de Barbosa (que pudo haber sido tomado por la ciudadanía como que le daba la razón) y la perdida de la mesura y fluidez por unos instantes, titubeó al final del debate, titubeó cuando se le preguntaba sobre el tema de procuración de justicia, se mordió los labios durante varios cuestionamientos de la moderadora y se rascó la cabeza dando una imagen de desconcierto. Jiménez  también pareció abandonarle la fluidez pero por menos tiempo y casi al final, Barbosa refutó lo que Cárdenas le achacaba de no estar en buenas condiciones para gobernar.

Por otro lado al ser cuestionados en lo referente al aborto y a la libertad de preferencia sexual, ambos candidatos del PAN y MORENA se lavaron las manos, dejando el asunto en manos del congreso, del PAN no es de sorprender, pero del símbolo progresista que es MORENA no, probablemente fue una decepción para algunos sectores “progresistas” de la sociedad poblana.

Hoy está clara una cosa, Cárdenas y Barbosa se disputan la gubernatura, este último con una amplia ventaja según encuestas de BEAP, Reforma y Mas Data. La “estrategia de contraste” aún sigue ocupando un lugar privilegiado no sólo en los militantes sino en los candidatos, tanto que se olvidan de otra estrategia que podría acarrearles votantes que no sea la “guerra de desgaste”. Cuando tengamos otro tipo de debate, en los dos primeros escaños de la pirámide de Graham será otra historia y mucho mejor para Puebla.

Deja un comentario