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#Andanzas: Una renuncia y el efecto dominó en el gabinete de AMLO

La renuncia de Germán Martínez Cázares a la dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) delató un par de actitudes que ponen en duda las intenciones de renovar las formas políticas en el ejercicio de gobierno: hay una tendencia a que el grupo político que gobernará el país en los próximos 5 años reduzca su pluralidad y aptitud a cambio de tener lealtades hacia  la idea y práctica de gobierno del presidente en puestos claves, que se traduce en muestras de  hermetismo y desconfianza respecto a actores externos a dicho grupo.

La renuncia de Martínez Cázares devela la pérdida de pluralidad dentro del ejecutivo federal. El funcionario federal durante el sexenio de Felipe Calderón, presidente del CEN del PAN y diputado federal dos veces con el mismo partido, fue inmediatamente sustituido por Zoé Robledo Aburto, hombre cercano a Andrés Manuel López Obrador, que anterior a su designación como director del organismo descentralizado, se desempeñaba como subsecretario de gobernación federal.

La distancia ideológica y la insubordinación de Martínez Cázares respecto a los inconvenientes que provoca el plan de austeridad republicana, emblema de la actual administración, lo hicieron presentar su renuncia al cargo; señalando, además, injerencias perniciosas por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en el instituto, apuntando también que muchas de las medidas que se están empleando en las instituciones públicas son de corte neoliberal, enemigo acérrimo y declarado del movimiento encabezado por el presidente Andrés Manuel.

La llegada de Robledo Aburto pone en relieve la incapacidad del presidente de la república de ampliar su círculo de colaboradores, pues el ex senador por Chiapas no tiene ninguna experiencia en la administración pública, sin contar que, a pesar de haber cursado la licenciatura en Ciencias Políticas en el ITAM, en su currículo, disponible en la página del Senado, por ejemplo, no reporta haber cursado alguna especialidad en administración pública, conocimiento técnico que sería clave para el puesto, sin poner en duda sus habilidades políticas. Esto último expuesto levanta suspicacias, ¿acaso para el gobierno entrante las lealtades valen más que las habilidades? ¿La tendencia del gobierno será no darle entrada a nuevos protagonismos?

Como extensión de lo anterior, la renuncia de Germán Martínez al IMSS dejó huecos administrativos en distintas áreas, pues la llegada de Robledo Aburto a la dirección de dicho instituto provocó una reacción en cadena o efecto dominó para llenar los distintos espacios, que comienza con la designación de Ricardo Peralta Saucedo, responsable de la Administración de Aduanas del gobierno federal hasta la semana pasada, cuando llegó a la subsecretaría de gobernación. Lo curioso de este cambio, fue la designación de Ricardo Ahued, elegido senador por Veracruz en la presente legislatura, como Director General de Aduanas. El perfil del senador electo es cuestionable, pues no cuenta con alguna licenciatura en su currículo publicado en la página del Senado, siendo las aduanas el primer lugar de encuentro para la política comercial de México, en medio de pugnas comerciales en el mundo, cobra una relevancia preponderante.

Este juego de sillas locas en el gabinete presidencial habla de una tendencia a cerrar el círculo más cercano de colaboradores del presidente a afinidades personales, contrario a buscar la competitividad en puestos claves, con la honrosa excepción de la designación del doctor Víctor Manuel Toledo como titular de la Semarnat.

Más grave aún, la diversidad de colaboradores del presidente Andrés Manuel era estratégica, pues algunos sectores de la sociedad le brindaron el voto de confianza gracias a perfiles como el empresario regiomontano Alfonso Romo en la jefatura de la oficina presidencial, que en repetidas ocasiones la prensa ha intentado predecir su salida del gabinete, con más renuncias, se perdería no sólo un colaborador estratégico, sino también un canal de interlocución con sectores no afines a Andrés Manuel.

Si esta tendencia se repite a lo largo de la administración, se caería en vicios similares como los que hubo en el sexenio peñista, en el que personajes como Luis Videgaray, Rosario Robles y Claudia Ruiz Massieu jugaron a las sillas musicales en por lo menos dos Secretarías de Estado cada uno. Todos ellos eran completamente leales al presidente Enrique Peña Nieto, pero para diversos analistas la falta de perfiles frescos en su gabinete delató la incapacidad de renovarse ante las circunstancias adversas. Bien valdría la pena para la 4T no sólo acabar con el viejo régimen, sino aprender también de él.

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