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Comunismo… ¿en México?

Imagen: http://www.comunistas-mexicanos.org/

Recientemente un grupo de periodistas, comunicadores y activistas de redes sociales, con posturas contrarias al gobierno federal y al presidente López Obrador –en el ejercicio de su derecho de libre expresión- sostuvieron en diversos espacios que el país se dirige al comunismo, otros señalaron que al socialismo, para efecto del presente artículo nos referiremos al primero. ¿A qué se refieren cuando mencionan este término?

El comunismo es un concepto bastante antiguo con profundas raíces en la historia de la humanidad: desde Platón (427-347 a. C.), el propio pensamiento cristiano en la biblia, Tomas Moro (1478-1535) con su influyente obra “Utopía”, Claude Henri de Rouvroy, conde de Saint Simon (1760-1825), Charles Fourier (1772-1837) y Robert Owen (1771-1858) –los tres considerados socialistas utópicos- y por supuesto el sociólogo alemán Karl Marx (1818-1883) cuyos postulados e ideas influenciaron a actores políticos en el siglo XIX y XX. Fueron precisamente esas ideas que incitaron a crear movimientos que llevaron a líderes políticos como Vladimir Ilich Lenin (1870-1924) en Rusia, Mao Zedong (1893-1976) en China, Ho Chi Minh (1890-1969) en Vietnam, Kim Il-sung (1912-1994) en Corea del Norte, Fidel Castro (1926-2016) en Cuba, Ernesto Guevara (1928-1967) en Cuba, Congo y Bolivia; a encabezar procesos revolucionarios en sus países de origen. El comunismo es un pensamiento y un movimiento político que configuró el mundo del pasado siglo.

El comunismo que hacen referencia esos grupos en México, es el contemporáneo que conceptualizó Marx, que posteriormente Lenin retomó para crear un movimiento político revolucionario en Rusia que se convertiría en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y posteriormente Joseph Stalin (1878-1953) consolidó como un referente en la segunda mitad del siglo XX.

El pensamiento de Marx puede resumirse en las siguientes líneas:

Al formarse el Estado con poder político, por encima de toda la sociedad, no había quedado ningún vínculo de unión entre hombre y hombre, sino sólo el interés desnudo, el <pago al contado> sin ningún sentimiento. En esta situación solo valían las leyes de la economía política, que conducían a una oposición entre clases: burguesía como opresora y proletariado como oprimido. El Estado político se convirtió en un instrumento del dominio de la burguesía. En términos generales, entendía Marx el poder político en sentido propio como el poder organizado de una clase para oprimir a la otra. De aquí que una vez que se eliminaran las diferencias de clase, perdería el poder público el carácter político: en vez de este poder político aparecería un tipo de asociación en la que la condición para el libre desarrollo de todos sería el libre desarrollo de cada uno. (Política, conceptos fundamentales, Joaquín Abellán, Alianza Editorial, Madrid, pág. 273)

En la práctica los países que adoptaron el comunismo tuvieron una economía planificada y centralizada por el Estado, las libertades de asociación, manifestación,  expresión y religiosa –o Derechos Humanos como hoy los conocemos- estaban fuertemente restringidas,  la ausencia de propiedad privada, una burocracia política en el que el partido –comunista- y su secretario general era las máximas figura políticas, en otros casos un liderazgo o dinastía familiar ocupaba los altos cargo públicos.

Con el fin de la II Guerra Mundial, ya con la URSS como una potencia emergente, el comunismo como idea y movimiento, a través de Partidos Comunistas en la mayoría de los países aliados y occidentales, en los propios Estados Unidos con Earl Brodwer como sus secretario general, este partido tuvo una presencia importante no obstante la persecución y hostigamiento de autoridades y ciudadanos intolerantes a su existencia en el contexto de la Guerra Fría, con el Comité de Actividades Antinorteamericanas encabezadas por el senador Joseph McCharthy desde finales de la década de los treinta. El Partido Comunista de los EEUU aún tiene una ofician centra con actividades en Nueva York en una oficina cerca de Manhattan sobre la calle 23.

En 1918 se fundó el Partido Comunista Mexicano (PCM) que tuvo una presencia importante no obstante sus posibilidades para aspirar al poder político en el país fueron nulas. Transitaron de la clandestinidad al registro legal, al igual que en los EEUU fueron hostigados y vigilados, incluso tuvieron representación política en el Congreso y se fusionaron con otras fuerzas políticas al inicio de la década de los ochenta.

En el estado la entonces Universidad Autónoma de Puebla (UAP) fue el epicentro de la actividad política del PCM pues desde 1972 militantes de este partido también dirigieron a la institución de educación superior más importante de la entidad y del sureste de México. El resultado fue un choque entre la comunidad universitaria y autoridades del  gobierno estatal, el clero y feligresía católica y los empresarios y comerciantes en la entidad. El linchamiento de trabajadores universitarios en Canoa en 1969 representó una tragedia que retrata la conflictividad social de esa época. El lema “cristianismo sí, comunismo no” era la consigna en manifestaciones de los sectores anteriormente señalados. En 1989 con la caída del Muro de Berlín esta visión –comunista- del mundo en lo político, económico y social mostró su inviabilidad y llegó a su fin.

¿Cuál es la pretensión de señalar que México va en una ruta hacia el comunismo? Aglutinar a sectores de la clase media, consolidar un núcleo duro de seguidores de un proyecto opositor retomando un discurso del siglo pasado que para actuales generaciones es, en la práctica desconocido.

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